jueves, 4 de marzo de 2010

Discurso entre caramelos: Félix González-Torres en el MUAC

Cuando Somewhere/nowehere, panorama del trabajo del artista Félix González-Torres (Cuba, 1957-1996), fue inaugurada los últimos días de febrero, los diarios mexicanos celebraron una provocadora posibilidad: “Invitan en el MUAC a ‘deshacer’ obras”.

Veintinueve trabajos de entre 1987 y 1995 se articulan en un discurso artístico cancelado para los no iniciados por un trabajo curatorial parco en la puntualización de matices que orienten la lectura de las piezas.

Curada por la argentina Sonia Vecce, la muestra recuerda a cada instante que el autor desafía al público a tomar un rol más activo –puede apropiarse de las piezas, llevarlas a casa– y la idea del amor como un eje fundamental.

Instalaciones de caramelos y pilas de carteles que el público puede tomar, imágenes en rompecabezas, las famosas guirnaldas de luces, cortinas de cuentas de colores y carteles en la vía pública, provenientes de diferentes colecciones públicas y privadas de México, Estados Unidos y Europa, como el Museum of Modern Art –MoMA- Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art y el Art Institute de Chicago, crean un ambiente estimulante para el espectador.

González-Torres fue un cubano en Nueva York, marxista y gay que murió de SIDA y generó piezas a partir de su contexto sociocultural e historia personal: dejar ir poco a poco las piezas era una metáfora de una lenta despedida de sus seres queridos. Las minorías marginadas, la autoría y coleccionismo son ejes fundamentales en su obra. Sin embargo, sólo el primer aspecto queda clarificado en la exposición.

En “La Obra de Arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Walter Benjamin plantea que una pieza de arte original posee un aura conferida por el artista, en oposición a las reproducciones que en ningún caso podrían conservarla. Que los museos o coleccionistas puedan adquirir de la Fundación González-Torres, por algunos millones de dólares, licencias para reproducir o modificar las piezas es al menos inquietante y merece una nota curatorial.

Se trata de un planteamiento crítico sobre el arte de su tiempo y no precisarlo en un espacio con vocación educativa autoriza a cualquier espectador para cuestionar la validez de sus obras, convertidas en objetos de producción en serie. Algo así como un discurso que se pierde entre caramelos.

3 comentarios:

Sebastián Valenzuela dijo...

es uno de los mejores artistas contemporáneos. es excelente.

Saludos y escribes bien.
Leí otros textos.

El Chri Chri dijo...

Muchas gracias por el comentario :)

Saludos, Sebastián :)

FernanDo dijo...

Que más puedo decir, es la magia del Arte Contemporáneo.