jueves, 29 de julio de 2010

Ocho miradas teóricas al ciclo curatorial del MUAC

*En la primera de ocho "intervenciones", discuten la noción de marco como espacio de representación y el peso de los marcos teóricos en el arte contemporáneo


¿Se basta a sí misma la obra de arte contemporáneo, o necesita ser explicada? ¿Debe ofrecerse al espectador la pura experiencia o debe entregársele el significado digerido a través del lenguaje? En cualquiera de los casos: ¿quién tiene la última palabra?, ¿curadores, filósofos, artistas?

Esos fueron algunos puntos que se discutieron en la mesa Mímesis y ciudad: marcos, rectángulos y camas, realizada en el Espacio Experimental de Construcción de Sentido del MUAC para motivar reflexiones sobre la exposición Todo a nada.

La mesa o “intervención” forma parte de Delirio de fetiche: destierro platónico y arte contemporáneo, serie de ocho espacios de reflexión sobre arte contemporáneo que se realizan en torno a las exposiciones del actual ciclo curatorial del museo: Hechos y delirios: soporte, materia, trabajo.

El ciclo curatorial “se centra en la calificación que Platón hace del artista y del poeta como ilusionistas y demiurgos (creador), para mostrar el modo en que el arte libera la fuerza de la vida y convierte el trabajo y la materia en pura ilusión”.

Sin embargo, debe subrayarse el rechazo de Platón por el mito y la mímesis o creación imágenes, actividad propia de poetas, pintores y escultores. Para el pensador, el ideal de vida se hallaba en la búsqueda del conocimiento filosófico de la verdad. Por ello, era necesario el exilio de poetas y sofistas de la ciudad: el destierro platónico consiste en la expulsión de los ilusionistas, de los creadores de imágenes.

En tal sentido, se explica, “Contrario a la ciudad platónica ideal, aquí (en este ciclo curatorial) se evidencian las poéticas y las estéticas en que la materia es transformada mediante la labor del artista hacia una experiencia sin uso ni finalidad aparente, y en donde imperan el delirio, la pasión, la fantasía y hasta el engaño”.

Límites de la representación e interpretación

La intención de las intervenciones en Delirio de fetiche es reflexionar sobre el arte contemporáneo con sus propios participantes, así como evaluar la pertinencia de la calificación platónica del creador de imágenes a propósito de ejemplos concretos de propuestas artísticas actuales.

Mímesis y ciudad: marcos, rectángulos y camas tuvo como objetivo abordar “el concepto de marco como soporte, límite, habitación, margen o idea (eidos) desde una disolución de las perspectivas de la filosofía y de la práctica artística. ¿De qué lado del marco quedan los poetas al ser clasificados como mentirosos e ilusionistas? ¿Hay lados del marco, afuera y adentro? Los límites ¿son fijos, temporales, visibles, infinitos?"

En ella participaron la académica de la Facultad de Filosofía y Letras María Antonia González Valerio y la artista inglesa Melanie Smith, quien ha problematizado en su creación el límite del marco como espacio de representación.


El punto de partida de la discusión fue la pieza de Smith Green Lush, incluida en la exposición Todo a nada y que consiste en una superficie saturada de hojas y toda clase de objetos verdes. La obra presenta un cuestionamiento a los límites del marco como espacio de representación (lo desborda), e incluso de las definiciones en el arte: no ganó una bienal porque el jurado no logró acordar si se trata de pintura o escultura.

Para González Valerio, quien forma parte de la Asociación Mexicana de Estudios sobre Estética, merece atención revisar el diálogo entre el arte y la filosofía, que ha existido siempre.

La académica identificó a la ciudad con el marco: platónicamente el arte miente y los poetas (no había nacido propiamente la noción de artista) deben ser expulsados de la ciudad, de la polis, hallarse fuera del marco. Y es en ese momento donde encuentra el nacimiento del lugar común que refiere el maltrato de la filosofía hacia el arte.

Recordó entonces que no existe tal división entre el arte y la filosofía: “La pieza no se basta a sí misma, porque si lo hiciera no estaríamos aquí”. Y si la obra no se basta a sí misma, hay que romper el marco teórico. “La lectura del espectador a veces está marcada por el desasosiego. Se trata de un desafío de las imágenes y los objetos”.

Por ello, señaló que la experiencia del arte, de entrada, no debería estar sometida a un marco conceptual. “¿Cómo hacer una experiencia estética que no pida de antemano un marco conceptual? Si sólo se busca traducir por completo una obra al concepto, algo está pasando”.

A propósito de Green Lush, Melanie Smith (Gran Bretaña, 1965), quien tuvo en 2006 la exposición retrospectiva Ciudad espiral y otros placeres artificiales en el Museo Universitario de Ciencias y Artes Campus, afirmó sentir que se trata de una obra fallida.

“Lo que me molesta es el rectángulo como límite. Creo que la obra no puede estar detenida en el rectángulo”. Lo pensó 10 años después de haberla realizado, al verla colgada en el muro. Sólo después de los años descubrió que una de las líneas de investigación de su trabajo estaba en el límite del marco.

Por ello habló de otras propuestas, que pueden conocerse en el catálogo de su retrospectiva en MUCA Campus. Entre ellas, Orange Lush, “una composición pictórica de la que los elementos quieren desbordar el marco, como la ciudad que se desborda desde adentro”; la ficción del momento en la videoinstalación Seis pasos hacia un proyecto o la desintegración de las imágenes y los símbolos en un proyecto que trabaja con niños.

Para Smith, quien encuentra en la pintura abstracta una oportunidad de catapultar a otra dimensión, resalta la necesidad de un metalenguaje (otro lenguaje que explique el de las obras de arte), la lectura del filósofo.

“Pienso en la necesidad de enmarcar el contexto de la obra con la palabra; lo lingüístico siempre regresa, reduce la sensación de la experiencia de la obra. El código, el curador y el filósofo siempre enmarcan y contextualizan, y estamos sujetos como artistas a la idea o el concepto. Pero lo que es inaceptable es que la obra se derive de la teoría”. Christian Gómez

viernes, 9 de julio de 2010

Abrir la institución del arte a otras posibilidades, en Jardín de Academus

*Participaron más de 100 artistas y mil personas
**Resultado del trabajo colectivo, la exposición permanecerá hasta el 25 de julio


Hace unos meses, cuando se presentó el tercer ciclo curatorial del MUAC, Hechos y delirios: soporte, materia, trabajo, la sala 8 del museo –destinada a la exposición Jardín de Academus– fue inaugurada vacía. Durante ese periodo, cada dos días se generó una nueva pieza artística, legado del trabajo de uno o varios artistas con comunidades marginadas del arte y la educación formal. El 26 de junio se presentaron los resultados.

La exposición fue conformándose a los ojos del público, que pudo visitar desde el 3 de abril el gran laboratorio en que se convirtió ese espacio. Más de 100 artistas participaron en 31 proyectos que involucraron mil colaboradores de diferentes grupos sociales: desde presos, enfermos mentales, burócratas, payasos, indígenas y sordos, hasta personajes virtuales de la WEB.

El título Jardín de Academus hace referencia al olivar sagrado dedicado a Atenea, diosa de la sabiduría, donde se construyó la Escuela de Platón. Curada por José Miguel González Casanova, artista y académico de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), es un ejercicio que, al cuestionar las reglas de la institución del arte y difuminar fronteras entre creadores y público, vuelve inoperantes los juicios sobre el elitismo del arte contemporáneo.
Nuevos modelos de integración
En la sala se realizaron fiestas, conciertos, obras de teatro, sesiones de dibujo, conferencias, congresos, trasmisiones de radio y televisión, así como diálogos en las redes sociales de internet y otras actividades. Todos ellos encaminados al aprendizaje a través de la experiencia del arte.
Para González Casanova, “la intención ha sido explorar nuevos modelos de integración del arte y la educación como procesos de ampliación del conocimiento”. Aquello, a partir de la construcción de una experiencia estético didáctica de la que las piezas son documentos.

La performer Lorena Wolffer convocó a mujeres víctimas de violencia para que donaran objetos relacionados con episodios dolorosos. Evidencias es el resultado del trabajo con ellas, que propone abordar públicamente la violencia para aprender que no es un problema individual, sino social, político y cultural.

Yutsil Cruz realizó una colaboración con Discos Medellín y Rincón caliente, comerciantes del barrio de Tepito que surten a los sonideros y realizaron una colección especial para la pieza. “Se trata de reconocer como expertos en el campo a personas con un gusto peculiar por la música. Son especialistas”, expresó la curadora. La pieza es una referencia a un trabajo del colectivo Tepito Arte Acá y continúa el trabajo de arte público que Cruz realiza en esa comunidad.

En Saque su acordeón, Alejandro Rincón Gutiérrez propuso una discusión entre artistas, profesores y promotores comunitarios sobre el papel de los acordeones que se utilizan para copiar en los exámenes como dispositivos de aprendizaje autodidacta.

En Gener/ando desconciertos, Paola García Ruiz fue la primera en llevar al MUAC una pasarela de moda. Una donde, a través de la reflexión sobre lo femenino, lo masculino y el discurso queer, se evidenció que “el género es una puesta en escena donde el individuo puede ser activo en su construcción”.

Integrado por estudiantes de la ENAP, el Seminario de medios múltiples 2 exploró en Concilio saber vivido las formas de transmisión de conocimiento de las personas adultas mayores y generó un compendio ilustrado de saberes que compartieron miembros del INAPAM.

En El viento sopla donde quiere. Intersticio, Antonio Vega Macotela hizo que tres reclusos llamaran desde la cárcel de Santa Marta Acatitla al MUAC. Conversaron un extorsionista con un psicoanalista, un timador con un filósofo y un ladrón con un economista, “procurando una práctica mayéutica como método de aprendizaje”. Las conversaciones se escucharon en toda la sala. Para el artista, los internos escapaban de la cárcel en forma de sonido.

Rosangela Renno subastó objetos encontrados en varios tianguis y cuestionó su valor económico y de identidad como parte de la memoria; Luis Mario Moncada, autor de la obra 9 días de guerra en Facebook, realizó un performance donde cuestionó el valor de la amistad al eliminar "amigos" de esta red social. Por otra parte, Daniel Godínez generó una serie de “tequiografías”, monografías con explicaciones sobre la muerte, salud, educación y otros temas en lenguas indígenas y español.

Otros artistas participantes fueron Urs Jaeggi, Taniel Morales, Pablo Helguera, Alejandro Rincón Gutiérrez, Idaid Rodríguez, Colectivo Masa Crítica, Sofía Olascoaga y Víctor García Zapata, Leonel Sagahón, Julio Ruslán Torres Leyva, Patricia Martín, Ricardo Caballero, Víctor G. Noxpango y Pilar Villela (Noxpi-pili), Rodrigo Johnson Celorio, Rosangela Rennó, Seminario de Medios Múltiples 1, Pinto mi raya, Luis Mario Moncada, Jaime Enrique Barragán, C.O.C.O.A., Diego Medina, Belen Sola y Pamela Gallo, Mónica Castillo, Vicente Rojo Cama y Eloy Tarcisio, así como Elías Levin Rojo.

Los retos de la estructura museística

La inusual cantidad de colaboradores y la diversidad de actividades en Jardín de Academus fueron un reto para la estructura del MUAC como institución. “No esperaba la constante dificultad de adaptación de un proyecto procesual y móvil con la estructura del museo. Me sorprendió mucho que esta situación de perfomance permanente meses la confrontara tanto”, señaló González Casanova.

“Es un precedente para que el museo cuestione una serie de reglas y procedimientos que ojalá retome como una experiencia positiva”. Pese a ello, el proyecto funcionó y ordena 31 proyectos en una sala donde se expusieron sólo 10 piezas cuando se inauguró el MUAC.

“Ha sido una prueba no sólo para los participantes, sino también para los equipos de trabajo del museo (administrativos, custodios, museografía), que no estaban acostumbrados a estas dinámicas. Desde el principio adivinamos que era parte de la experiencia”, coincidió Jorge Reynoso, en representación del museo, que en su opinión debe someterse a un escrutinio por parte de un perfil distinto de artistas y reconocer su función como espacio universitario de construcción de conocimiento. Christian Gómez (Imágenes de Verónica Rosales)

miércoles, 2 de junio de 2010

La nueva ciudad de las damas, de Eve Gil


En la antología de ensayos La nueva ciudad de las damas, Eve Gil se entrega a una tarea nada menor: enmendar una posible historia de la literatura. El objetivo: entregar a la escritura femenina (que no literatura femenina) el lugar tantas veces negado.


La portada del libro sintetiza el planteamiento del trabajo. Sobre enormes torres de letras, numerosas mujeres esperan, separadas por abismos. Esperan en la misma ciudad, que se prolonga más allá de la imagen. Hay que tender puentes, nombrar las calles de la nueva ciudad, dar cuenta de esa historia… La autora se propone crear esos vínculos.


La publicación es una pausa que revisa su continua labor, que surgió cuando estudiaba Letras hispánicas en Hermosillo en 1992, como un acto de “vandalismo intelectual”. Frente a los programas que sólo contemplaban la literatura escrita por hombres y acaso algunos textos de Sor Juana Inés de la Cruz, se propuso buscar una genealogía para no sentirse tan sola en su ambición por ser escritora.


Se trata de una primera recopilación de los textos que encontraron sus primeros ecos a principios de esta década en el diario Excélsior en la columna “La trenza de Sor Juana”. Ni siquiera el cambio de dueños que acabó con su espacio impreso impidió que su público cautivo quedara sin cartas de su búsqueda eterna. Siguió su aventura, ahora con la red como soporte en trenzamocha.blogspot.com.


“Sufrí un poco para lograr cierta empatía con un par de ellas, cuyos criterios e ideologías chocaban frontalmente con los míos. Sin embargo, nadie se ha ocupado de acercarse a las primeras mujeres que obtuvieron el codiciado galardón”, reconoce sobre una revisión de las once autoras que han obtenido el Premio Nobel. Esa confrontación se repite en este título con las letras de 32 autoras.


Arqueología del estilo


El título es un homenaje a la trilogía La ciudad de las damas, de Cristina de Pizán (1364-1430), “la primera escritora feminista de la historia sencillamente por ser la primera que escribe desde la experiencia de su cuerpo de mujer”.


En La nueva ciudad de las damas, Eve Gil se entrevista con cada una de las habitantes y se mueve por sus historias personales y literarias. Se involucra en una búsqueda a través de una arqueología del estilo, ese sello personal del autor de una obra. Acaba por descubrir que la ciudad no es nueva: había que encontrarle lugar en los mapas, trazados y poblados por los hombres.


Dar cuenta de una antología de esta extensión (427 pp.) exige encontrar elementos comunes en los textos que aglutina. Invariablemente, Gil investiga a las autoras en sus propias letras, pero también de forma extraliteraria: cada texto es resultado de una profunda investigación.


La autora de Réquiem por una muñeca rota recupera pasajes esenciales en la vida de las escritoras y muestra, de manera paralela a la construcción de personajes e historias, episodios dolorosos, triunfos y quiebres familiares. Mira a contraluz las obras literarias y revela ángulos inéditos de sus creadoras.


Las escritoras son mostradas sin visos de apologías, destaca su humanidad. Retrata a Gabriela Mistral como una mujer con un pasado doloroso que encontró refugio en la poesía; a La novela de Genji, de Murasaki Shikibu y su imaginario fantástico, le atribuye el papel de la “Primera novela de la Historia. Punto”.


Busca en Hildegard Von Bingen algo más que una mujer que escribía en estado de trance; devuelve a Johanna Schopenhauer su lugar como la primera mujer alemana en dedicarse profesionalmente a la escritura en oposición al secundario papel de madre del célebre filósofo.


Rastrea el concepto del pecado en la narrativa de Sigrid Undset, el sentido del humor de Gertrude Stein; una Simone de Beauvior que “no quería escribir sin antes arrancarse la piel de la muchacha burguesa para quedar en carne viva”.


“Es la ironía donde Rosario (Castellanos) encuentra la riquísima veta a explotar para pagar la crítica machista con la misma moneda sin parecer una hembrista furibunda y resentida”, afirma.


Investiga el travestismo literario de James Tiptree Jr., seudónimo de Alice Bradley, el destacado ejercicio de valor de la periodista rusa Anna Politkovskaya y el tratamiento del racismo de los negros contra los propios negros en la literatura de la Nobel Toni Morrison. Desmenuza a Susan Sontag, así como las letras de Elfriede Jelinek, quien afirmaba: "Yo no le doy tregua al lenguaje, una y otra vez lo arranco de su lecho, uno debe torturar al lenguaje para que diga la verdad".


Cuestiona la representación de la mujer en la literatura y hace sutiles invitaciones, resultados de exhaustivas búsquedas.


Eve Gil señala abiertamente que muchos de los ensayos requirieron ser revisados y reescritos en repetidas ocasiones (¿qué texto no?) para agregar datos, otras miradas. Y aunque seguramente la antología no se ordenó de acuerdo con las fechas en que escribió los textos, puede advertirse una evolución en su estilo, que va desde una repetición innecesaria de las tramas y sus vericuetos hacia una equilibrada síntesis de datos y una justa ubicación de las autoras en su contexto histórico.


Publicada en la Serie El Estudio de Textos de Difusión Cultural, la propuesta de la autora recuerda el valor de libros como Mujeres insumisas, entrevistas de Angélica Abelleyra, y ejercicios de búsqueda por la literatura como La brújula hechizada, de Mauricio Montiel Figueiras, también de reciente publicación. La nueva ciudad de las damas es resultado de años de lectura voraz y una pausa para ofrecer señas sobre esta ciudad de la que ella es cronista.


Algo tiene de malvada esta publicación: convencernos de la existencia de una historia de la literatura que nos era desconocida y convertir la próxima visita a una librería en una experiencia desoladora para cualquier presupuesto. Christian Gómez



martes, 11 de mayo de 2010

9 días de guerra en Facebook, “me gusta”

Facebook tiene más de 400 millones de usuarios activos que, en conjunto, pasan alrededor de 500 billones (millones de millones) de minutos por mes en la página; quizá escribir una historia sobre alguno de los relatos del mundo que ahí se construyen (ése es el verbo) tenga algún sentido.

“Esta historia ocurrió tal como la vamos a contar, los dichos son en su mayoría textuales; quiénes lo dijeron no importa en absoluto (aunque muchos de ellos podrían estar en su lista de amigos de Facebook)”, así comienza la narración de 9 días de guerra en Facebook, obra escrita por Luis Mario Moncada y dirigida por Martín Acosta.

“Es enero del 2009. La franja de Gaza está siendo bombardeada por Israel, que intenta concluir su ofensiva antes que Obama llegue a la Casa Blanca. Al mismo tiempo, decenas y cientos de internautas inician un debate que cada día adquiere visos de una guerra verbal tan interminable como el propio conflicto en Medio Oriente. La pregunta es si las balas de bytes hieren tan mortalmente como las de plomo”.

La anécdota es ésa. Y es complicado tejer una sinopsis de la puesta en escena más allá de las líneas que la sintetizan. El reto es mayúsculo, semejante al de condensar una Historia a partir de escuchar a todos sus habitantes hablar a la vez; internet nos ha enseñado que hoy todos tienen voz, pero no hay quién oiga.

Unirse a este grupo

De acuerdo con información estadística de Facebook, más de 25 billones de piezas de contenido se publican al mes, entre ligas a páginas, estados de ánimo, notas, fotografías, álbumes y un amplio etcétera.

En tal contexto, la historia (tómese el lenguaje teatral con pinzas) es detonada por un personaje (categoría quizá demasiado humana) que publica su postura frente al conflicto árabe-israelí en Medio Oriente y lo compara, a través de una imagen “efectista” de niños sufriendo, con la tragedia del Holocausto Judío.

La semilla de la idea publicada por el moderador del debate y narrador de la historia (el propio Moncada) hace germinar la intolerancia y la incomunicación de sus “amigos”, de todas las latitudes e ideologías. Tras plantear la anécdota, unos minutos después de comenzar la obra, la narración en sentido estricto concluye, se pierde en una avalancha de respuestas, de discursos inaudibles.

Durante cerca de dos horas, el espectador vive narcotizado, esforzando los sentidos para acercarse a una narración inaprehensible y cada vez más frenética de historias sobrepuestas, que se cuentan al mismo tiempo y se anulan entre sí.

Se ponen de manifiesto las diferentes dinámicas que se establecen cuando las redes sociales median las relaciones interpersonales. ¿Cómo se concibe la cercanía y los vínculos emocionales entre personas que jamás llegan a verse?

No sólo eso: la obra desvela problemáticas arquetípicas y contemporáneas por igual que escapan al soporte de la red. Aparecen el acoso, el narcisismo, el protagonismo, la intolerancia, la provocación, las cruzadas ideológicas, el cuestionamiento del valor de las imágenes, la ubicuidad o la capacidad de estar en todas partes, la guerra, la secreta intención de “eliminar a alguien”, aunque sea de la lista de contactos… El público “ha sido etiquetado” en esta obra.

Me gusta/Hazte fan

La web 2.0, espacio idóneo para las redes sociales, ha permitido a los usuarios de internet generar e intercambiar contenidos y no ser sólo espectadores de información. Otro dato de Facebook: 50 por ciento de sus 400 millones de usuarios consulta su cuenta al menos una vez al día.

9 días de guerra en Facebook seleccionó apenas una historia de todas las que se generan en las redes sociales. Pone rostro a esa realidad, que actualiza el debate de la construcción de sentido en los medios de comunicación pero con el complejo matiz de la virtualidad, una segunda vida en la pantalla.

Los recursos escenográficos contribuyen a mostrar de una manera literal la dinámica de Facebook. Existe un gran muro, como el que tienen los usuarios de la página, para que se publiquen contenidos e ideas y los 17 actores se convierten en soldados. El vestuario, en consonancia, enriquece por su plasticidad visual, como las fotografías de los perfiles de los usuarios, donde la imagen del yo resulta ineludiblemente beneficiada.

La puesta se propone como un teatro documento, género surgido en los años setenta que trata temas políticos y de denuncia. Es una metáfora ante un clima de época. Es capaz de generar en el espectador una reflexión sobre la (¿supuesta?) revolución de las redes sociales y su verdadero alcance para la transformación del ser humano.

En una entrevista con Antonio Castro para la revista Letras libres en 2008, Luis Mario Moncada se dijo identificado con las búsquedas del teatro mexicano actual en cuanto a sus referencias al mundo concreto, a los medios de comunicación. Experimentar con los lenguajes le representa un experimento muy seductor.

Es el idilio del teatro y la vida. Con la dirección de Martín Acosta, que construyó una inquietante velocidad en la obra, ésta sólo logra transmitir una sensación al espectador ante su tiempo. Y no venderle una concepción moralina ante las redes sociales, enorme tentación para los libros publicados desde el desconocimiento, sobreinterpretaciones, misticismos y falsos debates.

La obra 9 días de guerra en Facebook, escrita por Luis Mario Moncada y dirigida por Martín Acosta, se presentará en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz hasta el 4 de julio. Jueves y viernes 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas. Admisión $140 con los descuentos habituales. Jueves $ 30. Christian Gómez

domingo, 9 de mayo de 2010

Una lectura de la contemporaneidad, en Carreras

La contemporaneidad exige: hay que dejar de ser jodido, acabar una carrera, tener una pareja estable, un trabajo bien pagado; ser competitivo en una sociedad global. La dinámica del consumo ha fijado las reglas: hay que correr en un mundo dividido entre exitosos y perdedores, sin puntos medios.

Ése es el planteamiento de la obra Carreras, escrita y dirigida por Germán Castillo (Teatro Santa Catarina) y que narra cuatro historias de pareja que reflejan la prisa por seguir los modelos que traza la vida actual.

“Son ocho jóvenes que han cursado carreras y están comenzando su carrera profesional. Tienen cierta prisa por establecerse emocionalmente con una pareja, tienen prisa por apropiarse de la vida”, explicó Castillo. Se trata de una carrera que debe hacerse aunque no exista una meta ni dirección clara.

“Carrera es una palabra con muchas acepciones: la de los estudios universitarios, la carrera profesional una vez terminados éstos, el andar a las carreras en una ciudad tan grande y caótica; las carreras de béisbol, la carrera de las putas…

“La obra habla sobre la urgencia que impone el consumismo por obtener satisfactores impuestos, creados por el mercado, las falsas ideologías y las falsas expectativas”.

Las reglas del juego

Con prisa, ocho jóvenes corren alrededor de cuatro sillones azules que constituyen el espacio escénico. Los dirige un árbitro que funge como narrador de la obra, como mediador entre la metáfora de la carrera en el teatro y la vida.


Mientras corren, reflexionan los caminos que siguen. Cuestionan sus nociones de éxito profesional y sentimental. Todos corren. Luego de cada vuelta al escenario, un par de actores permanece y presenta una pieza de la historia que se va construyendo, y complicando.

La relación de dos mujeres se ve fragmentada porque una desea embarazarse y la otra conservar su poder sobre la primera. Otra pareja se separa porque ella busca alcanzar un puesto de alto mando mientras que su marido lamenta ganar menos dinero y no seguir con el doctorado. Antes leían poesía, hoy se piden sexo secamente.

Dos viejos amigos se “necesitan” en la soledad: intimidad sin compromiso, acuerdos profesionales subrepticios, contratos manipulados. Él es fotógrafo y nunca ha amado; ella, una modelo cuya vida profesional se ha terminado a los 22 años.

Cuando se fueron a vivir a casa de los padres de ella, él tuvo que dejar la escuela. Sólo quisieran salir adelante, tener una noche para ir a bailar y tener privacidad. “No siento que seas mi mujer, eres más hija y hermanita”.

El entrelazamiento de las historias pone sobre la mesa el fracaso, la posesión, la envidia, los celos de pareja y profesionales. Para Germán Castillo (Ciudad de México, 1944), “los personajes vienen de una lectura de la contemporaneidad” que sintetizó en esta pieza teatral a partir de dinámicas de improvisación en su seminario de actuación.

Carreras

El correr constante de los actores evidencia su trabajo emocional en los pequeños cuadros en que la obra se divide y las carreras que el árbitro determina. En la primera se plantea la configuración de las parejas; en la segunda, un silbatazo marca faltas, momentos precisos en que las relaciones se fracturan por una actitud impulsiva; en la tercera, sugiere la supremacía de la casualidad, que aplasta el entramado de aspiraciones sobre el que se erige un noviazgo.

La separación está a un soplido y los nuevos encuentros a una copa. Las historias se entrelazan e inquietan al espectador con sus preguntas: ¿Y qué tal si esto no es lo que queremos? ¿Puede alguien, en su sitio, estar fuera de lugar? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera hecho las cosas de esa forma? ¿Qué se siente?, ¿cómo sabes que lo quieres?

Las respuestas son desalentadoras: “Estaba casado, pero me fui porque no sabía estar casado” o “cojas con lo que cojas, la cosa está difícil”. Para el árbitro, mientras el tiempo transcurre todo se va complicando y los días se tornan difíciles de habitar.

Los personajes se encaminan al fracaso. De acuerdo con el también poeta y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte: “Todo es consecuencia de la sociedad de consumo que obliga a los individuos a ver por ellos mismos y califica de manera cruel entre exitosos y perdedores, sin matices: todo el mundo quiere ser triunfador y eso es imposible. Esta sociedad de consumo niega el matiz. Es tajante”.

Teatro Santa Catarina, hasta el 4 de julio. Jueves y viernes 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.

lunes, 3 de mayo de 2010

Trabajando un día particular

En Trabajando un día particular, Laura Almela y Daniel Giménez Cacho no sólo reelaboran en teatro Una giornata particolare (1977), cinta de Ettore Scola protagonizada por Sophia Loren y Marcello Mastroianni; su planteamiento, en cambio, desmenuza las condiciones de la representación escénica. Los actores construyen el escenario frente al público. Encuentran en una maleta la escenografía mínima para activar imágenes y el fuera campo se vuelve extensión concreta del escenario; sin más aditamentos que el negro de las paredes, dibujan a su paso –literalmente– lámparas o ventanas que cierran y abren sin conflicto técnico. El escape de un pájaro de su jaula cruza el camino de un locutor antifascista y homosexual a punto de suicidarse y la madre de seis hijos que atesora un álbum con imágenes de Mussolini. La contradicción ideológica se difumina en un encuentro sexual que resulta un complejo cuestionamiento de valores. Ninguna distracción obstaculiza el transcurrir de la puesta de dos actores que quedaron sin director para su obra: pueden repetir segmentos, corregir errores. El teatro se mira a sí mismo. Ubicado en la Italia fascista, el relato de intolerancia tiene pertinencia en un contexto político distinto pero en un escenario de dogmatismos algo menos distante. Christian Gómez



Laura Almela y Daniel Giménez Cacho, Trabajando un día particular, Teatro El Milagro. Hasta junio.